Nuestra historia · DAR MARHABA

Dos hermanos.
Las mismas raíces.

Somos Hassan y Saïd. Crecimos en Merzouga, entre las dunas que hoy son el punto de partida de vuestros viajes. Esta es la historia de nuestra casa y del camino que nos trajo hasta aquí.

MERZOUGA, NUESTRA TIERRA. LOS ENCUENTROS, NUESTRO HILO CONDUCTOR.

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Niños del Sahara

Somos Hassan y Saïd, dos hermanos nacidos en Merzouga, en el corazón del Sahara. Nuestra familia fue una de las primeras en establecerse en lo que hoy conocemos como el pueblo de Merzouga. Crecimos entre las dunas, con una vida sencilla y una infancia a veces difícil, pero llena de sueños.

Nuestros padres tenían un deseo muy sencillo: que aprendiéramos a leer y escribir, que pudiéramos escribir nuestros nombres y leer una carta. Para ellos, la escuela era una oportunidad para cambiar nuestro futuro. Así que fuimos a la escuela.

Durante aquellos años empezamos a acercarnos a los turistas que llegaban a Merzouga. Les pedíamos un dirham y, al mismo tiempo, intentábamos aprender algunas palabras de su idioma. Éramos niños, pero aquellos encuentros ya despertaban nuestra curiosidad: ¿de dónde venían? ¿Cómo vivían? ¿Cómo podíamos entendernos?

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Los fósiles y los primeros caminos

Después de la escuela primaria tuvimos que ir a estudiar a una ciudad situada a unos 35 kilómetros de Merzouga. Intentamos continuar nuestros estudios, pero las circunstancias nos llevaron a dejarlos. Volvimos al pueblo y empezamos a trabajar.

Nuestro padre buscaba fósiles en el desierto. Le ayudamos vendiéndolos y, durante varios años, nuestro trabajo estuvo ligado a los fósiles, al Sahara y a nuestra familia.

A los 23 años, uno de nosotros compró su primer dromedario y empezó a trabajar como guía y camellero para distintos hoteles de Merzouga. Era el comienzo de una nueva etapa, entre caminos por las dunas y conversaciones con viajeros.

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Abrir la puerta de nuestra casa

Un día, unos viajeros que conocimos durante una salida al desierto nos hablaron de Couchsurfing. En otras partes de Marruecos habían dormido con familias y compartido su vida cotidiana. Aquella idea nos animó a ofrecer lo mismo en Merzouga.

Al día siguiente de aquel encuentro, una visita al cibercafé y una inscripción en Couchsurfing abrieron un nuevo capítulo. Empezamos a recibir viajeros en nuestra casa y a compartir con ellos nuestra vida familiar.

Queríamos compartir mucho más que un lugar donde dormir: nuestra comida, nuestras tradiciones, nuestro trabajo y la vida de una familia del desierto. Poco a poco llegaron viajeros de todo el mundo. Se creaba confianza y muchos nos pedían que los acompañáramos también por el Sahara. Así fue como el turismo empezó a formar parte de nuestra vida.

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Nuestro primer campamento

Después de varios años recibiendo viajeros en nuestra casa, nació una nueva idea: construir nuestro propio campamento en medio del desierto. No fue fácil. Pero con mucho esfuerzo conseguimos hacer realidad aquel sueño.

Instalamos nuestro campamento entre las dunas de Merzouga y empezamos a recibir viajeros de distintos países. Para nosotros, aquel lugar debía servir para compartir nuestra cultura, nuestra música, nuestra cocina y nuestra manera de vivir el Sahara.

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Dar Marhaba, un sueño familiar

Después de abrir el campamento recibíamos cada vez más mensajes de viajeros que querían quedarse con nosotros y conocer a nuestra familia. Al principio preguntaban si podían dormir en nuestra casa. Con el tiempo, empezaron a pagar por aquella experiencia.

Entonces imaginamos un lugar donde los viajeros se sintieran como en casa y que creara trabajo para nuestros hermanos y otras familias de Merzouga. Así nació la idea de nuestro riad.

Queríamos trabajar juntos, reunir a los hermanos y abrir oportunidades para los vecinos del pueblo. El turismo podía ayudar a nuestra familia y también a nuestra comunidad. Hoy, esa idea sigue dando sentido a nuestro trabajo.

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Dos hermanos, la misma bienvenida

Hoy cada uno tiene su responsabilidad. Hassan se ocupa del riad: recibe a los viajeros, comparte nuestra cultura y procura que se sientan como en casa. Saïd se ocupa del campamento y acompaña a los huéspedes a descubrir el desierto, sus dunas y sus secretos.

Cuando miramos atrás, pensamos en aquellos dos niños que iban a la escuela para aprender a leer y escribir, y se acercaban a los turistas para pedir un dirham y aprender unas palabras. No imaginábamos que aquellos pequeños encuentros cambiarían nuestra vida.

Seguimos viviendo en el mismo desierto. Las dunas que fueron nuestro patio de juegos son hoy el lugar donde recibimos a viajeros de todo el mundo. Hemos construido nuestro camino, poco a poco, sin olvidar nuestras raíces.

EN EL RIAD

Hassan.

La bienvenida, la vida de la casa y el placer de haceros sentir como en casa.

Saludar a Hassan
EN EL CAMPAMENTO

Saïd.

Las noches en el campamento, el descubrimiento de las dunas y los caminos del desierto.

Saludar a Saïd

AHORA, UNA HISTORIA PARA COMPARTIR

Un pedacito
del Sahara en el corazón.

Si venís a Merzouga, nos gustaría que vivierais una parte de este desierto con nosotros. Enseñaros las dunas donde crecimos, compartir un té, sentarnos alrededor del fuego, escuchar música bereber, mirar las estrellas y contaros las historias de nuestra familia y de nuestro pueblo.

Cada viajero llega con su historia, su cultura y otra forma de ver el mundo. Cada encuentro nos permite seguir aprendiendo, como cuando éramos niños. Venid como viajeros, marchaos como amigos.

Estaremos aquí para recibiros y compartir nuestro Sahara, con la esperanza de que os llevéis mucho más que fotografías: un recuerdo, una experiencia y un pedacito del desierto en el corazón.

Conozcámonos